Munro. Jueves 2100
Hay finales que huelen a historia.
Y no por los trofeos, ni por los gritos, ni por la épica falsa que se compra en frases motivacionales.
Esta olía a relleno de merengada de la fábrica de la vuelta.
Como si el barrio mismo, con su dulzura industrial y su rutina eterna, hubiera decidido perfumar el aire para recordarnos algo:
que lo importante nunca está lejos,
que lo sagrado no siempre está en un templo,
a veces está en una cancha de fútbol 5 a las apuradas, entre risas, transpiración y una pelota poco inflada.
La final de la Copa “La Imposible” no empezó con un silbato.
Empezó con 66 jueguitos quirúrgicos del Zappa,
como quien hace una incisión justa al partido para abrirlo por donde corresponde.
Esa danza mínima con la pelota fue la señal:
la pelota estaba viva,
y la noche también.
Y entonces: luz verde.
A elegir equipo.
A elegir destino.
El fútbol, cuando es verdadero, no es un deporte:
es una metáfora con botines.
Y esta final fue un espejo donde nos vimos todos:
con nuestras luces, nuestras torpezas, nuestras ganas de ganar…
y sobre todo nuestras ganas de estar.
El primer tanto se hizo rogar.
Como si el gol quisiera asegurarse de que lo merezcamos.
Hasta que llegó: rojo aprovechó un error táctico del azul y abrió el mapa.
Pero no hubo dominio.
No hubo paseo.
Hubo lucha.
Y al final, el marcador escribió su versión: 6-3 para el equipo rojo.
Zappa
Jugó con la remera zapallística, honrando el apodo como quien acepta su destino sin discutirlo demasiado
Le costó encontrar el punto justo de soda en la pelota:
faltaban unos hectopascales de presión para su gusto,
pero el universo no iba a cambiar las leyes físicas solo porque hoy era una final.
Entonces hizo lo que hacen los que saben de verdad:
cuando el gol no sale, se vuelve generoso.
Y el Zappa se dedicó a asistir, a sostener, a construir.
Porque hay días en que el verdadero liderazgo no se mide en goles…
sino en hacer que los demás brillen.
Coco
Potencia. Presencia. Lectura.
Coco fue ese tipo de jugador que parece tener imán en los pies y brújula en el pecho.
Atacó, defendió, ordenó.
El equipo rojo tuvo un pilar, y ese pilar tuvo nombre.
Esos que no sólo juegan bien,
sino que hacen jugar mejor a todos.
Iru
Entró diciendo “hoy estoy a pleno”
y el fútbol, como la vida, le respondió: “vamos a ver.”
Pifió algunas regaladas, erró de frente al arco…
pero hay gente que no se mide por sus fallas,
sino por lo que hace después de fallar.
Iru tuvo algo de tragedia y algo de redención:
porque cuando el partido se empieza a ir,
cuando ya no hay tiempo para excusas…
clavó una en el ángulo como quien dice:
“erro, soy humano, pero sigo siendo peligroso.”
Marian
Hay arqueros que atajan.
Y hay arqueros que cambian el partido.
Silencioso, firme, diferencial.
Hizo que el 6-3 no fuera un 6-6.
Y eso, en una final, es casi como meter un gol invisible.
Halcón
El otro goleador.
Apareció como aparece la naturaleza:
sin pedir permiso.
Haciendo lo suyo.
La única verdura del grupo no puede recordar cuando fue la última vez que jugaron en el mismo equipo.
Esta crónica sería mentira si dijera que el azul no tuvo magia.
La tuvo.
La tuvo fuerte.
Bocha
¿Pidió la remera azul por cábala o por estadística?
Nadie sabe.
Pero lo cierto es que Bocha jugó como juegan los que no saben rendirse.
Organizó, lideró, empujó hasta el último minuto.
Más allá del resultado.
Más allá del orgullo.
Más allá del cansancio.
Y armó con Dieguito y Hernán un triplete temerario:
como si fueran tres capítulos de la misma amenaza.
Hernán
Entró invadiendo la cancha con su perfume.Ese perfume que distrae a rivales tanto como a las chicas afuera. El equilibrio exacto entre sudor, furor y aroma.
Dieguito
Siempre para adelante.
El tipo que avanza como si la vida fuera una puerta abierta.
Con Bocha al lado parecía que el azul tenía una autopista.
Dicen las malas lenguas que Irusta le dio una o dos pataditas.
Nada de mala leche.
Eso también es amistad en modo fútbol.
Metió un gol desde la tangente.
Un gol que todavía nadie entiende:
porque hay goles que entran por geometría
y goles que entran por destino.
Látigo
Frenó pelotas que iban al arco.
Puso cuerpo. Puso reflejo.
No supo demostrar por qué se llama Látigo,
pero a veces el látigo no está en el golpe:
está en la persistencia.
Nolo
Con la mente tranquila y sin rabia demuestra algo que el mundo no entiende:
el fútbol no solo es un deporte,
es un arte.
Metió un gol de área a área,
estilo metegol,
estilo “La Bola Lenta”.
Un gol que no humilla: hipnotiza.
Porque cuando la pelota avanza despacio,
parece que el tiempo también decide mirar.
Final del partido: 6-3
Y sí, salimos campeones.
Pero la verdad,
yo no vine a buscar un título.
Vine a recordarme quién soy cuando el ruido se apaga.
Y sí.
Ganamos.
Salí campeón de la Copa “La Imposible”.
Pero ahí está el truco:
la copa no es el premio.
El premio es esto.
El premio son ustedes.
El premio somos nosotros.
Porque en un mundo que grita productividad, urgencia, rendimiento y éxito,
nosotros, una vez por semana, hacemos algo revolucionario:
apagamos el ruido.
Bajamos la vorágine.
Volvemos a lo esencial.
Nos reímos como pibes.
Competimos sin odiarnos.
Nos puteamos con amor.
Nos abrazamos sin decirlo.
Y ahí entendí todo.
Que la victoria no está en levantar una copa,
sino en levantar la vista
Y ver que la vida no se trata de ganar siempre,
sino de tener con quién jugarla.
Así que sí: hoy el Zappa levantó un título.
Pero mañana, cuando el trofeo junte polvo,
lo único que va a seguir brillando son los jueves de futbol.
Porque al final,
la copa es de metal.
Pero la amistad, cuando es real,
es de esas cosas que ni el tiempo puede oxidar.
Y si alguna vez la vida nos aprieta fuerte,
si el sistema nos quiere tragar,
si el cansancio o la mente nos empujan al borde,
que alguien recuerde esta copa.
que alguien recuerde el olor a merengada en el aire.
Los audios motivacionales previos al partido
Las canciones hechas con IA
sobre todo, las risas
Y que alguien con un fernecito en mano, brindando por lo invisible diga:
“Tranquilo, sin rabia… el verdadero premio ya lo tenemos.”
JDP: Coco
GDP: Iru. No por la definición, sino por la jugada de unos toques del equipo rojo al mejor estilo futbol champagne que lo llevó a la ejecución del mismo.
AHDP: CALEEEEEEETEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEE
O juremos Con Gloria Morir!!!
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